8 feb. 2012

QUE EL MAQUILLAJE NO APAGUE TU RISA

Me gustaba jugar con los hombres,
provocar su ansiedad, su apetito,
inducirles a robar mi corazón
como si tratara del robo del siglo.
Por tal de ponerles mi conquista difícil
convertía la ruta en selva intrincada,
rebosante de fieras, trampas, peligros, 
para dar emoción a la aventura.
Coqueta y caprichosa, me afanaba
en buscar nuevos obstáculos
si alguno, a punto de morir,
aún creía alcanzar la puerta del Edén,
e insistía en ser cruel a medida
que a la meta llegaban.
Competían con héroes de novela
en su afán por ganar mi manzana de oro
y emulaban legendarias hazañas
convencidos del éxito final de la empresa.
Suerte tuve que nunca
en las garras caí de un desalmado
que jugase cortés a devolverme
las sutiles torturas que le hice sufrir.
Llegaron a mi vida solo tipos sin suerte
torpes en el amor, fáciles de manejar.
Orgullosos, insensatos, burlados,
ninguno se dio cuenta de que había
un corazón sin estrenar bajo mi escudo.





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